“En Venecia, en 1889, en el palacio de Ca’ Rezzonico, como una sombra más en la silla de manos, al abrigo del oro celeste de la sala de baile en desuso, ha muerto Robert Browning, que soñó el tintineo, en un poema jamás audible, de una incorpórea  tocata con máscaras y sables en la noche encendida.” (Pere Gimferrer “Fortuny” trad. de B. Losada).

 

 

Robert Browning: Una toccata de Galuppi 

I
Oh Galuppi Baldassaro, cuán triste es esto que en-
cuentro:
De no interpretarte bien estaría sordo y ciego,
Y aunque entiendo lo que dices, me ensombrece el pensamiento.

II
Vienes con tu vieja música, y mira qué me depara. ¿Así en Venecia vivieron, con mercaderes-monarcas,
Con San Marcos y con Dogos, que a la mar se desposaban?

III
Porque allí la mar es calle, y el puente, ¿qué nombre lleva?,
Puente de Shylock, con casas, donde el carnaval celebran
De Inglaterra no salí, mas es como si lo viera.

IV
¿Gozaba la mocedad, cuando mayo al mar templaba?
De nocturno baile y máscara, que hasta al mediodía duraban.
Aventuras concertando para el siguiente, ¿no hablas?

V
¿Existió una dama así, labios rojos, carillena,
Tal campanilla en la mata la faz sobre el cuello abierta,
Soberbio el pecho, que el hombre allí base su cabeza?

VI
¿Era gentileza en ellos si interrumpían la charla,
Por morder su antifaz ella, acariciar su espada,
Mientras que tú, al clavicordio, majestuoso tocabas?

VII
La tercia menor quejosa, la sexta disminuyendo,
¿Qué les decían? Suspensiones, soluciones: “¿Moriremos?”
La séptima compasiva: “¿Vida más larga? Intentemos”

VIII
“¿Eras feliz?” “Sí, ¿y tú?” “¿Lo sigues siendo?” “Sí.” “Bésame
Pues.” ¿Detenerlos, si poco un millón de besos fuese?
Y la dominante insiste, buscando quien la conteste.

IX
Ya la octava contestó. ¿No es cierto que te elogiasen?
“Bravo, Galuppi. Eso es música, buena, sea alegre, sea grave.
Si oigo que un maestro toca, bien puedo siempre callarme.”

X
Para gozar te dejaban, y uno tras otro, a hora cierta,
Vidas que en nada quedaron, actos que mejor no hicieran,
Los llevó la muerte tácita donde el sol no se contempla.

XI
Firme y seguro en mí mismo, cuando a razonar me siento,
Vano si al mudo universo logro arrancarle un secreto,
Llegas con tu vieja música, y tiemblan todos mis nervios.

XII
Así, grillo fantasmal, cantas donde ardió una casa:
“Polvo y ceniza. Gastó Venecia lo que ganara;
El alma, inmortal sin duda, si puede hablarse de un alma.

XIII
“La tuya, pongamos. Sabes de física y geología;
Tu solaz, las matemáticas. Rango al alma inmortaliza:
Las mariposas, acaban; mas tú, imposible sería.

XIV
“Así Venecia y su gente dieron flor, se marchitaron;
El fruto, terreno, era: risa y locura sembraron.
¿Algo de alma quedó acaso, ya los besos acabados?

XV
“Polvo y ceniza.” Tal cantas, pero censurar no puedo. Muertas amadas, ¿qué ha sido de aquel oro, de aquel pelo
Que sobre el pecho caía? Tengo frío y me siento viejo

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Robert Browning’s “A Toccata of Galuppi’s” (1855)

 

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