“En todo caso, si pretendéis intentar penetrar a fondo en esas desnudeces misteriosas, de cabellera trenzada de lotos, que están apoyadas con los ojos llenos de sueño en todos los cuadros de Gustave Moreau, o si queréis conocer mejor esos acantilados donde una estatuilla se alza en una anfractuosidad, no lo conseguiríais, y por más que conocieseis al detalle la vida de Gustave Moreau, por más que hablarais con él del arte, de la vida y de la muerte, por más que cenarais todas las noches con él, no penetraríais más a fondo en el misterio de su origen y de su significación, que a decir verdad ni él mismo conoce mejor y que le son aportados como precioso regalo, como extrañas hijas del mar, en las mareas de la inspiración que le asaltan. Lo que él pudiera deciros sólo estaría relacionado con las circunstancias de su invención, con la parte terrenal de su fabricación (tal paisaje visto, tal terracota admirada), pero no con la misteriosa semejanza que las vincula y cuya esencia, aunque unida a su espíritu puesto que sólo él lo capta y sólo ella se une a él y lo libera, le es sin embargo desconocida.”

M. Proust “Jean Santeuil”  (trad. de Mauro Armiño)

Gustave Moreau: "Sappho sur la falaisse" (1872)
Gustave Moreau: “Sappho sur la falaise” (1872)

 

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