¡Atención: espoilers!

La Nona Ora de Maurizio Cattlan  representa al papa Juan Pablo II en el suelo después de haber sido tumbado por un meteorito. El título de la escultura alude al momento en que Cristo en la cruz  grita: “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?”, dirigiéndose a Dios Padre.

Alicia Bona interviews Maurizio Cattelan

Maurizio Cattelan: "La Nona Ora (The Ninth Hour)" (1999)
Maurizio Cattelan: “La Nona Ora (The Ninth Hour)” (1999)

El génerico de  The Young Pope, la serie de Paolo Sorrentino protagonizada por Jude Law, se inspira en esta obra. Traza el recorrido del meteorito desde una forma inicial como estrella de los reyes magos  (el primer cuadro es La adoración de los pastores  de Gerard Van Honthorst) hasta ir transformándose en el meteorito que golpea la sombrilla (del cuadro Michelangelo al presentar el modelo para la finalización de San Pedro al papa Pío IV de Doménico Cresti), incendia los edificios (del cuadro La matanza del día de San Bartolomé  de François Dubois) para terminar tumbando al papa (que se convierte en la escultura de La Nona  Ora).

9 cuadros y una escultura, 9 episodios de desarrollo y uno de conclusión (Ver “THE YOUNG POPE: 10 CUADROS QUE NARRAN UNA HISTORIA”, de Alba M. Lecha). Del nacimiento de un nuevo papado en el episodio piloto a la caída del joven papa en el episodio final. Con el recorrido imperturbable del protagonista, acompañando al meteorito, y guiñando al ojo al espectador para hacerlo cómplice de sus “reformas”. El escándalo que provocó en su momento la escultura de Cattelan, actualmente ya una imagen icónica, se traslada al escándalo de las medidas que toma el nuevo papa americano.

En el final de la primera temporada, el papa se dirige a sus fieles en la plaza de San Marcos en Venecia.  En sus grupos de conceptos opuestos hace referencia a los diferentes personajes que han participado a lo largo de la serie. Luego, después de haber mirado por el catalejo, buscando a sus padres entre la multitud, y haberlos vuelto a perder, se desmaya (como en La Nona ora, “¿Dios mío, Dios mío,por qué me has abandonado?”). En un movimiento inverso al del meteorito que lo ha tumbado metafóricamente, la cámara se aleja en un travelling de retroceso, desde el plano cenital del grupo de cardenales atendiéndolo en la terraza de la basílica de San Marcos hasta el plano de la tierra vista desde el cielo: la mirada de Dios.

Genérico y final de temporada, simétricos. Dos auténticas maravillas que nos ha regalado Paolo Sorrentino, donde se sintetizan simbólicamente los contenidos de su primera incursión el el mundo de las series.

 

 

Advertisements