1.-EL CIRCULO DE LOS IRACUNDOS.-

Negror de infierno y de noche privada
de estrella alguna, bajo un pobre cielo,
hasta el sumo de nubes tenebroso,

tan denso velo no tendió en mi rostro
como aquel humo que nos envolvió,
y nunca sentí tan áspero pelo.

No podía siquiera abrir los ojos
por lo que, sabia y fiel, la escolta mía
vino hacia mí ofreciéndome su hombro.

Como el ciego que va tras de su guía
para que no se pierda ni tropiece
en obstáculo alguno, o tal vez muera,

andaba por el aire amargo y sucio,
escuchando a Virgilio aconsejarme:
«Ten cuidado y de mí no te separes».

John Flaxman: Wrathful penitents

Oía voces como que implorasen
la paz y la clemencia del Cordero
de Dios que borra todos los pecados.

Agnus Deí, era, pues, como empezaban
todos a un tiempo y en el mismo modo,
y en completa concordia parecían.

«Maestro, lo que oigo ¿son espíritus?»
le dije. Y él a mí: «Bien lo pensaste;
de la iracundia van soltando el nudo.»

Jan van Eyck: Políptico de Gante o La adoración del Cordero Místico (detalle) – (1432)

 

2.-MARCO LOMBARDO.-

«¿Quién eres tú que cortas nuestro humo,
y de nosotros hablas como si
aún midieses el tiempo por calendas?»

Esto por una voz fue preguntado;
«Contéstale –me dijo mi maestro-
y si hay subida por aquí pregunta.»

«Oh, criatura -le dije que te limpias
para volver hermosa a quien te hizo,
maravillas oirás si me acompañas.» 

«Cuanto me es permitido he de seguirte;
y si vernos el humo no nos deja,
nos mantendrá cercanos el oírnos.»

Entonces comencé: «Con este rostro
que destruye la muerte, voy arriba,
y he llegado hasta aquí desde el infierno.

Y si Dios en su gracia me ha tomado,
tanto que quiere que su corte vea
de modo inusitado en estos tiempos,

no me ocultes quién fuiste antes de muerto;
dímelo, y dime si el camino es éste;
y tus palabras sean nuestra escolta.»

«Yo fui lombardo y Marco me llamaban;
del mundo supe, y amé esa virtud
a la que nadie tiende ya su arco.

Para subir camina siempre recto»
Me respondió y dijo luego: «Te pido
que por mí implores cuando estés arriba.»

 

3.-LIBRE ALBEDRIO.-

Un gran suspiro que acabó en un ¡ay!
lanzó primero; y luego dijo: «Herrnano,
el mundo es ciego, y tú de él has venido.

Cualquier causa achacáis los que estáis vivos
al cielo, igual que si moviese todas
las cosas él obligatoriamente.

Destruido sería así en vosotros
el libre arbitrio, y no sería justo
dar la alegría al bien, y al mal dar luto.

El cielo inicia vuestros movimientos;
no digo todos, mas aunque lo diga,
una luz para el bien o el mal os dieron,

Y libre voluntad; que si se cansa
en el primer combate contra el cielo,
luego lo vence si bien se sustenta.

A mayor fuerza y a mejor natura
libres estáis sujetos; y ella cría
vuestra mente, en que el cielo nada puede. 

Botticelli: Los iracundos

4.-CAUSA DE LA CORRUPCION HUMANA.-

De la mano de Aquél que la acaricia,
aun antes de existir, cual la muchacha
que llorando y riendo juguetea,

sale sencilla el alma y nada sabe,
salvo que, obra de un gozoso artista,
gustosa vuelve a aquello que la alegra.

Primero saborea el bien pequeño;
aquí se engaña y corre detrás de él,
si no tuerce su amor freno ni guía.

Y es necesario el freno de las leyes;
y es necesario un rey, que al menos vea
de la ciudad auténtica la torre.

Hay leyes, pero ¿quién las administra?
Nadie, pues su pastor acaso rumie,
mas no tiene partida la pezuña;

y la gente, que sabe que su guía
sólo tiende a aquel bien del que ella come,
pace de aquel, y no busca otra cosa.

Bien puedes ver que la mala conducta
es la razón que al mundo ha condenado,
y no vuestra natura corrompida.

Amos Nattini: Purgatorio XVI, Buio d’inferno e di notte privata (1915-21)

 

5.-GHERARDO DA CAMINO.-

«Oh Marco mío -dije- bien hablaste;
y ahora discierno por qué de la herencia
los hijos de Leví privados fueron.

Más qué Gherardo es ése que, por sabio,
dices, quedó de aquella raza extinta
corno reproche del siglo salvaje?»

«Me engañan tus palabras o me tientan,
-me respondió- pues, hablando toscano,
del buen Gherardo nunca hayas oído.

Por ningún otro nombre le conozco,
si de Gaya, su hija, no lo saco.
Quedad con Dios, pues más no os acompaño

Gherardo III da Camino

 

 

Anuncis