1.-EL AMOR Y EL LIBRE ALBEDRIO.-

Había terminado sus razones
mi alto doctor, mirando atentamente
si en mis ojos mostraba mi contento;

y yo, a quien nueva sed atormentaba,
callaba, mas por dentro me decía:
«mi preguntar acaso le molesta».

Mas el padre veraz, que se dio cuenta
del medroso deseo que ocultaba
sin hablar, me alentó a que preguntase.

El alma, que a amar presta fue creada,
se mueve a cualquier cosa que le place,
tan pronto del placer es puesta en acto.

La percepción, de seres verdaderos
saca la imagen que despliega dentro,
e impulsa al alma a que se vuelva a ésta;

y si, vuelta hacia ella, se doblega,
Amor se llama ese doblegarniento,
que por gozar de nuevo entra en vosotros.

«Con tus palabras y mi ingenio atento
-le respondí- ya sé qué es el amor,
pero esto de otras dudas me ha llenado;

pues si el amor se ofrece desde fuera,
y el alma no procede de otro modo,
no es mérito si va torcida o recta. »

«Cuanto ve la razón puedo decirte
-dijo-; si quieres más, aguarda entonces
a Beatriz, pues que de fe es materia.

Dante Gabriel Rossetti: Beata Beatrix, (1864-70)

 

2.-LOS PEREZOSOS.-

Y la sombra gentil, por quien a Piétola
más que a la propia Mantua se celebra
me había liberado de mi peso;

y yo, que la razón abierta y llana
tenía ya después de mis preguntas,
divagaba cual hombre adormilado;

mas fue esta soñolencia interrumpida
súbitamente por gentes que a espaldas
nuestras, hacia nosotros caminaban.

 

Enseguida llegaron, pues corriendo
aquella magna turba se movía,
y dos gritaban llorando delante:

«Corrió María apresurada al monte;
y para sojuzgar Lérida César,
tocó en Marsella y luego corrió a España.»

«Raudo, raudo, que el tiempo no se pierda
por poco amor -gritaban los demás-;
que el arte de obrar bien torne la gracia.»

Rafael: La Visitación (1517))

«Oh gente a quien fervor agudo ahora
compensa neglilgencia o dilaciones
que por tibieza en bien obrar pusisteis,

éste que vive, y cierto no os engaño,
en cuanto luzca el sol quiere ir arriba;
decidnos pues dónde hay una abertura.»

Estas palabras díjolas mi guía;
y uno de estos espíritus: «Seguidnos
detrás –nos dijo– y hallaréis el paso.

Botticelli: Los penitentes perezosos

Y aquel que en todo trance me ayudaba
dijo: «Vuélvete aquí y mira esos dos
que vienen dando muerdos a la acidia.»

Detrás todos decían: «Antes muerto
estuvo el pueblo a quien el mar se abriera,
de que el Jordán su descendencia viese.

Y aquellos que la suerte no sufrieron
del vástago de Anquises hasta el fin,
a una vida sin gloria se ofrecieron.»

John Flaxman: Shouting Examples of Zeal
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