1.-DANTE Y FORESE.-

Ni hablar a andar, ni andar a aquel más lento
hacía, mas hablando a prisa íbamos
cual nao que empuja un viento favorable;

y las sombras, más muertas pareciendo,
admiración ponían en las cuencas
de los ojos, sabiendo que vivía.

Y yo, continuando mis palabras
dije: «Y asciende acaso más despacio
de lo que en otro momento lo haría.

Mas dime de Piccarda, si es que sabes;
y dime si estoy viendo a alguien notable
entre esta gente que así me contempla.»

«Mi hermana, que entre hermosa y entre buena
no sé qué fuera más, alegre triunfa
en el Olimpo ya de su corona.»

Philipp Veit: Dante con Beatrice incontra Piccarda e Costanza nel III Canto del Paradiso. (1817-27)

Dijo primero; y luego: «Aquí podemos
a cualquiera nombrar pues tan mudado
nuestro semblante está por la abstinencia.

Bonagiunta Orbicciani

Ese -y le señaló- es Bonagiunta,
Bonagiunta de Lucca; y esa cara
a su lado, cosida más que otras.

tuvo la santa iglesia entre sus brazos:
nació en Tours, y aquí purga con ayunos
el vino y las anguilas de Bolsena.»

London BL – Harley 1340 f. 1v Pope Martin IV Vaticinia de Pontificibus Prophecy of the popes London British Library Harley 1340 Attributed to Joachim of Fiore Florence, Italy, 2nd quarter of the 15th century

 

2.-BONAGIUNTA Y STILNOVO.-

Mas como hace el que mira y luego aprecia
más a uno que otro, hice al luqués,
que de mí más curioso parecía.

Él murmuraba, y no sé que «Gentucca»
sentía yo, donde él sentía la plaga
de la justicia que así le roía.

«Alma -dije- que tal deseo muestras
de hablar conmigo, hazlo claramente,
y a los dos satisfaz con tus palabras.»

«Hay nacida, aún sin velo, una mujer
–él comenzó- que hará que mi ciudad
te plazca aunque otros muchos la desprecien.

Tú marcharás con esta profecía:
si en mi murmullo alguna duda tienes,
la realidad en claro ha de ponerlo.

Pero dime si veo a quien compuso
aquellas nuevas rimas que empezaban:
«Donne ch’avete intelletto d’amore’»

Y yo le dije: «Soy uno que cuando
Amor me inspira, anoto, y de esa forma
voy expresando aquello que me dicta.»

«¡Ah hermano, ya comprendo —dijo- el nudo
que al Notario, a Guiton y a mí separa
del dulce estilo nuevo que te escucho!

Bien veo ahora cómo vuestras plumas
detrás de quien os dicta van pegadas,
lo que no sucedía con las nuestras;

y quien se ponga a verlo de otro modo
no encontrará ninguna diferencia.»
Y se calló bastante satisfecho.

 

3.-PROFECIA CONTRA CORSO DONATI.-

Y él: «Ánimo, pues veo al más culpable,
arrastrado a la cola de un caballo
hacia aquel valle donde no se purga.

La bestia a cada paso va más rauda,
siempre más, hasta que ella le golpea,
y deja el cuerpo vilmente deshecho.

Raffaello Sorbi: “La morte di Corso Donati,” (1861)

 

4.-EL SEGUNDO ARBOL.-

Y cuando estuvo ya tan adelante,
que mis ojos seguían tras de él,
como mi mente tras de sus palabras.

vi las ramas cargadas y frondosas
de otro manzano, no mucho más lejos
por haber sólo entonces hecho el giro

Vi gentes bajo aquel alzar las manos
y gritar no sé qué hacia la espesura,
como en vano anhelantes chiquitines

que piden, y a quien piden no responde,
mas por hacer sus ganas más agudas,
les muestra su deseo puesto en alto.

Luego se fueron ya desengañadas;
y nos aproximamos al gran árbol,
que tanto llanto y súplicas desdeña.

 

5.-EJEMPLOS DE GULA CASTIGADA.-

Entre las frondas no sé quién hablaba;
y así Virgilio, Estacio y yo, apretados
seguimos caminando por la cuesta.

Decía: «Recordad a los malditos
nacidos de las nubes, que, borrachos,
con dos pechos lucharon con Teseo;

Antonio Canova: Teseo e il Centauro (1805-1819)

y a los hebreos, por beber tan flojos,
que Gedeón no quiso de su ayuda,
cuando a Madián bajó de las colinas.»

Así arrimados a uno de los bordes,
oyendo fuimos culpas de la gula
seguidas del castigo miserable.

Christian Eduard Böttcher: ‘Gedeón seleccionando a su ejército’ (1908)

 

6.-EL ANGEL DE LA TEMPLANZA.-

«Solos así los tres ¿qué vais pensando?»,
dijo una voz de pronto; y me agité
como un caballo joven y espantado.

Alcé mi rostro para ver quién era;
y jamás pude ver en ningún horno
vidrio o metal tan rojo y tan luciente,

como a quien vi diciendo: «Si os complace
subir, aquí debéis de dar la vuelta;
quien marcha hacia la paz, por aquí pasa.»

Me deslumbró la vista con su aspecto;
por lo que me volví hacia mis doctores,
como el hombre a quien guía lo que escucha.

Y como, del albor anunciadora,
sopla y aroma la brisa de mayo,
de hierba y flores toda perfumada;

yo así sentía un viento por en medio
de la frente, y sentí un mover de plumas,
que hizo oler a ambrosía el aura toda.

Sentí decir: «Dichosos los que alumbra
tanto la gracia, que el amor del gusto
en su pecho no alienta demasiado,
apeteciendo siempre cuanto es justo.»

F. SCARAMUZZA
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